Contra las pedagogías del odio
Este 30 de enero celebraremos de nuevo el DENYP (Día Escolar por la Noviolencia y la Paz). Nuestros centros educativos no deberían limitarse a colgar palomas de la paz. Es necesario abrir un debate profundo sobre lo que está pasando en nuestras aulas y en este mundo globalizado en el que vivimos. Cuando la escuela es neutral no consigue la transformación social. Hay que tomar partido. Si no actuamos seremos cómplices.
Los resultados que ofrecen las pedagogías del odio los estamos viendo en el territorio de Gaza. Este genocidio televisado no lo podemos normalizar. El espanto no puede dejarnos indiferentes. No podemos seguir siendo esa mayoría silenciosa que mira hacia otro lado cuando la fabricación y el tráfico de armamento de guerra se apoya con nuestros impuestos. Esta vez no podremos decir que no lo sabíamos.
Según dicen las últimas encuestas un 20% de personas jóvenes de 18 a 24 años vota a partidos de extrema derecha. No es que se trate de la mayoría pero sí empieza a ser preocupante el hecho de que esta opción crezca tras cada elección. El auge de youtubers, influencers y creadores de contenido del espectro neoliberal salvaje copa nuestras redes sociales. El supremacismo blanco, el capitalismo y el nacionalismo hiperpatriótico se extienden por toda Europa.
Nuestros centros educativos presentan cada vez con más frecuencia aulas con entre 30 y 40 chicos y chicas adolescentes concentrados en asimilar curriculums inabordables que tendrán que vomitar en un examen final. Este sistema educativo saturado es incapaz de abordar todas las violencias que produce. Se deja a mucho alumnado fuera de las aulas que será captado por grupos donde la ideología del odio es la base de su fe. Tóxicas son también las aulas segregadas por el alto nivel socioeconómico de las familias donde se deshumaniza al diferente sin dejar espacio a la justicia social. Por otra parte tenemos familias, en muchos casos
monomarentales, trabajando sin descaso y aún así incapaces de llegar a fin de mes junto a otras completamente volcadas única y totalmente en su actividad mercantil emprendedora. En ambos casos se reduce completamente el tiempo de calidad que se puede dedicar a hijos e hijas. A esta juventud le quedan las redes sociales con TikTok al mando. No proponemos prohibir los móviles pero sí educar sobre su uso.
Acabar con las teorías conspiranoicas, con los mensajes que niegan la violencia de género o el cambio climático, con las opiniones de quienes no aceptan la diversidad en todas sus formas, no es tarea fácil. Es necesario que se ofrezca al alumnado una educación de calidad dirigida no solo a la adquisición de contenidos sino también a desarrollar su capacidad crítica.
En este mundo distópico en el que vivimos, personajes como Milei, Trump, Meloni, Orbán, Netanyahu, y en Madrid tenemos a la Presidenta de la Comunidad Autónoma, la Sra Díaz Ayuso nos roban el significado de la palabra «libertad» cuando lo único que defienden es la libertad económica de las grandes fortunas que financian sus partidos y los medios de comunicación que los apoyan. Qué se oiga nuestra voz con la que exigimos:
• Educación pública de calidad que respete las ratios y las horas lectivas del profesorado para que se pueda dar una atención personalizada y suficiente al alumnado.
• Políticas de conciliación familiar que permitan atender a hijos o hijas con tiempo de calidad
• Renta básica para personas que pasen por momentos difíciles
• Un salario mínimo interprofesional justo que no condene a la pobreza a personas con empleo
• Formación en valores para nuestro alumnado que haga realidad ese otro mundo posible con una vida digna para quienes lo habitamos.
• Un control riguroso con multas millonarias a aquellos medios o espacios creados para difundir bulos y odio entre jóvenes.
Mujeres de Negro contra la Guerra
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