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Pedir que se repartan los inmigrantes entre los colegios es un discurso racista»
Luisa María Puertas, responsalbe de convivencia en las escuelas del País Vasco
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La integración de los niños inmigrantes en el sistema educativo no es un problema de distribución de este alumnado entre las redes pública y privada. La clave está en conseguir que las escuelas que acogen a extranjeros «consigan éxito escolar y una buena convivencia entre alumnos» con nuevos proyectos educativos. Es la postura que defiende María Luisa Puertas, responsable del Programa de Diversidad y Convivencia en el Departamento de Educación del País Vasco. «La inmigración está removiendo los cimientos del sistema educativo», reconoce.
«Pedir que se repartan los inmigrantes entre los colegios es un discurso racista»
«Todavía no sabemos gestionar esta situación», advierte la especialista
INTEGRACIÓN. «El problema es más nuestro que de los inmigrantes», dice la experta.
«Hay que trabajar con los profesores»
MARTA FDEZ. VALLEJO/El Correo Digital
-Los agentes educativos se quejan de que los inmigrantes se concentran en pocas escuelas, que se están formando guetos.
– Una escuela no es un gueto porque se concentren niños de una nacionalidad, porque entonces un colegio alemán también lo es. Un gueto es un centro al que no llevaríamos a nuestros hijos porque tiene baja calidad y problemas de convivencia. Es lógico que los inmigrantes se concentren en unas escuelas porque están cerca de los lugares donde viven y trabajan sus familias. Cada alumno debe ir a la escuela que le corresponde por cercanía. Ese no es el problema. ¿Qué es lo importante? Que aprendan Matemáticas, Lengua, a convivir, a ser personas.
-La red pública reclama el reparto de alumnos con los colegios.
– La solución no está en el reparto entre redes educativas. Pedir la distribución entre todas las escuelas y colegios es un discurso racista. Revela que tenemos prejuicios, percepciones negativas del alumnado inmigrante. ¿Qué repartimos?: lo que no queremos. Pero el problema es más nuestro que de los inmigrantes. Todavía no sabemos gestionar esta situación, nos asusta, nos agobia. Para la sociedad es un fenómeno nuevo y para la escuela, también.
-¿Cúal es la fórmula mágica?
– Hay que conseguir éxito escolar y convivencia intercultural en la escuela que tiene alumnado inmigrante. No importa el número de chicos y chicas de otros países que tengas, sólo hay que preguntarse: ¿qué hacemos para subir el nivel de enseñanza y que mejore la convivencia?, ¿para que los autóctonos no se vayan y que los que vienen sean bien acogidos y reciban enseñanza de calidad? No hay fórmulas mágicas, pero hay proyectos que funcionan en otros países y aquí.
«Hablan cuatro idiomas»
-El sistema de Finlandia es el que mejores resultados obtiene. ¿Cómo gestionan la inmigración?
– Van a la escuela que les corresponde por cercanía a su casa y nunca se saca del aula al inmigrante para darle clases de refuerzo lingüístico, está prohibido por ley. Se introducen los refuerzos escolares en la clase.
-Tendrán más recursos.
– No es un problema de recursos sino de rentabilizar lo que se tiene. Lo que debemos exigir es que a los colegios que cuentan con buenos proyectos se les pongan todos los medios. Ya hay centros con metodologías que funcionan muy bien, como la escuela pública de Lamiako o el instituto de Mungia. No sacan chavales fuera del aula, meten los refuerzos dentro y unos alumnos ayudan a los otros.
– Los padres temen que un inmigrante baje el nivel de la clase.
– ¿Pero estos niños no tienen deficiencias ni lingüísticas ni de ningún otro tipo! El que no sepan euskera o castellano no es una deficiencia, algunos hablan cuatro idiomas. Un chaval latinoamericano quizás no llegue con nivel de Matemáticas, pero maneja el lenguaje mejor que los de aquí, dispone de más riqueza de vocabulario y tiene un desarrollo organizativo y de responsabilidad en la cabeza superior a los autóctonos. Si viene un chino, te va a enseñar Matemáticas pasado mañana. Y si llega un rumano, domina los idiomas como nadie.
-¿El profesor puede avanzar en un aula con chicos con conocimientos tan dispares y diferentes idiomas?
– Integrar a un inmigrante en un aula sólo retrasa el desarrollo de la clase si el profesor sigue la metodología tradicional, la expositiva: que llegue y suelte la chapa. Si tengo que contar algo y se lo dedico al alumno que acaba de llegar para que lo entienda, no puedo dar clase a los otros. Pero ese sistema es de otro siglo, es malo también para los estudiantes de aquí.
– ¿Cúal es el método adecuado?
– Metodologías más participativas, como las comunidades de aprendizaje. Es un sistema de trabajo en grupos, en el que el alumnado interacciona, los chicos se ayudan entre ellos. En las aulas entran ex alumnos, educadores de calle, refuerzos lingüísticos, familiares o estudiantes en prácticas. Se saca chispas de los chavales, aunque no sepan castellano ni euskera. No necesitan conocer el idioma para hacer cantidad de actividades.
-Imagine un muchacho chino de 14 años que llega a mitad de curso. ¿Podría integrarse en un aula de la ESO de un modelo D?
– Sin ningún problema. El chaval deberá aprender el idioma. Para ello sólo hay un sistema: estar con sus iguales, jugando en el recreo en el comedor, haciendo deporte… Podrá tener un ‘berbalaguna’, un compañero que le ayude a comunicarse y hará falta algún refuerzo dentro del aula. No podrá el primer año con todas las asignaturas porque le faltará mucho vocabulario, pero no por eso lo tiene que dejar. Si queremos que aprenda el idioma debe estar con los de aquí, no chinos con chinos y rumanos con rumanos.
Un gran potencial
-¿La clase gana?
– Esas personas tienen otra cultura, otra forma de ver el mundo, de relacionarse y eso es enriquecimiento. Además, los alumnos que ayudan a sus compañeros también ganan. Cuando yo explico algo, estoy aprendiendo. Estoy haciendo un esfuerzo, buscando vocabulario y estructuras más simples, gracias a ti yo estoy aprendiendo por el hecho de explicarte.
-Para algunos colegios concertados es una experiencia nueva.
– Están acostumbrados a un alumnado homogéneo y pueden llegar a asustarse. ¿Si en la pública, que tenemos más hetereogeneidad, nos asustamos, la concertada alucina! Pero el mundo actual es multicultural. Hay que aprender a vivir con otras gentes, a ser más flexibles. La privada necesita también de la diversidad. Harvard es la Universidad puntera y tiene una secretaría que se dedica a asegurar que en las clases exista multiculturalidad, para que aporten su visión de todos los temas.
-Hay que evolucionar…
– Tenemos que aprender a gestionar la multiculturalidad porque es un potencial riquísimo. Nos está moviendo todos los cimientos del sistema educativo. No nos queda más remedio que hacer cambios metodológicos, pero por estos chavales y por todos los demás. Dentro de un tiempo igual decimos: ‘gracias a la inmigración dimos el salto, mejoramos el sistema educativo’. No va a ser fácil, pero tenemos que perder miedos y lanzarnos.
19 junio 2006

