Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA)

Quiero expresar en nombre de la Asociación Revolucionaria de las
Mujeres de Afganistán (RAWA), mi agradecimiento de todo corazón
por brindarnos esta ocasión para hablaros de la terrible realidad de
Afganistán.

Hace 8 años el gobierno de EEUU y sus aliados consiguieron
legitimar su invasión militar en Afganistán y embaucar al pueblo de
EEUU y del mundo entero bajo consignas como la “liberación de la
mujer afgana”, la “democracia” y la “guerra contra el terrorismo”.
Nuestro pueblo, tras haber sido oprimido por el dominio talibán, tuvo
esperanza en un Afganistán libre después de 30 años de guerras.
Pero pronto su sueño se vio pisoteado de la manera más dolorosa
ante la instauración del gobierno títere de Karzai, mientras EEUU
volvía a utilizar a sus criaturas y continuaba sus tratos con los
criminales señores de la guerra.

Desde el inicio, el señor Karzai y sus tutores estadounidenses
ningunearon las demandas de la gente y eligieron pactar con los
asesinos de la llamada “Alianza del Norte” colocando a sus rostros
más sucios en lugares clave del poder.

La reinstauración y empoderamiento de viejos violadores, asesinos y
saqueadores fundamentalistas, fue una realidad dolorosa y la raíz de
las actuales condiciones desastrosas en Afganistán.

Desde RAWA siempre hemos remarcado que mientras los
fundamentalistas estén presentes en Afganistán como fuerza militar y
actores políticos, no podremos esperar avances en democracia,
derechos de las mujeres, paz, seguridad y erradicación del
terrorismo. Hoy podemos ver que nuestra postura es acertada,
después de 8 años de ocupación de EEUU y la OTAN.

La consigna de la llamada “guerra contra el terrorismo”, la presencia
de más de 70.000 tropas extranjeras de más de 40 países y el gasto
de miles de millones de dólares, no ha podido traer ni un solo
síntoma de cambio positivo en estabilidad, seguridad y paz. Sin
embargo, ha empujado más que nunca a Afganistán y la región a las
manos de grupos terroristas. Incluso altos cargo de EEUU han
reconocido que los talibán son hoy más fuertes que en 2001.

Tal y como hemos presenciado durante los últimos años, a pesar de
algunas pretensiones erróneas de los medios de comunicación
Occidentales, las mujeres afganas están sufriendo la misma
catástrofe que bajo el mandato misógino de los fundamentalistas.
Las víctimas de la violaciones pueden ser chiquillas de 3 años o
abuelas de 75. Hay estadísticas recientes que muestran que un 25%
de las mujeres en mi país sufren la violencia sexual. Las afganas se
enfrentan día a día a secuestros, comercio de niñas, matrimonios
forzados, violaciones en grupo, ataques con ácido y otras crueles
formas de violencia. Los suicidios y las auto-inmolaciones de mujeres
jóvenes y adultas se han disparado hasta límites desproporcionados
e inéditos en la historia de Afganistán.

Los relatos estremecedores se han convertido en algo habitual y las
crónicas en los medios son sólo la punta del iceberg. Los medios
intentan hacer ver que el motivo de la terrible situación de la mujer
afgana está en la violencia doméstica, pero esta afirmación no es
correcta porque creemos que incluso el motivo mismo de la violencia
doméstica hay que buscarlo en el gobierno y en la política. Porque es
allá donde no hay justicia donde los hombres violentos disfrutan de la
impunidad mientras tratan a las mujeres peor que a los animales.

La policía y las autoridades afganas también están implicadas en
estos casos. Muchos parlamentarios afganos están implicados en
crímenes contra las mujeres. Por ejemplo la joven Bashira fue
violada en grupo por señores de la guerra, entre los que estaba el
hijo del diputado afgano Haji Payenda, que empleó su posición para
evitar cualquier castigo.

El sistema judicial en Afganistán está profundamente infectado con el
virus del fundamentalismo. Los señores de la guerra y los
narcotraficantes controlan la judicatura en contra de los pobres y a
favor de los grandes delincuentes, los funcionarios corruptos y los
ricos.

La última ley que ampara la violación fue aprobada por el parlamento
afgano y desató una reacción internacional. Pero a nosotras no nos
sorprendió porque es una consecuencia previsible de las políticas de
apoyo a los fundamentalistas por parte de EEUU y sus aliados en
Afganistán.

Los actos de Karzai son el resultado directo de las políticas
últimos siete años. Karzai tan sólo hace lo
occidentales de los
mismo que otros hicieron antes que él: comercia con los derechos de
las mujeres para obtener beneficios políticos. No nos sorprende a
aquellas que llevamos años denunciando este sucio juego un sinfín
de veces.

El mundo necesita saber que en el pasado reciente se han cometido
contra nuestro pueblo muchas otras agresiones, igualmente horribles
y dolorosas.

Denunciamos que la ley de “Reconciliación Nacional” aprobada por
el Parlamento afgano en 2007, que garantiza inmunidad por
crímenes de guerra cometidos durante los pasados 30 años, ha sido
el mayor trauma reciente sufrido por nuestra gente y ha dado
oxígeno a los señores de la guerra fundamentalistas para seguir
adelante aprobando sus leyes medievales en su parlamento mafioso.

El pueblo afgano y organizaciones como RAWA levantamos nuestras
voces contra esta ley repugnante pero el mundo y el amo occidental
del régimen títere afgano giraron la cara ante este vergonzoso
episodio. Si ayer no se hubiera abandonado a nuestro pueblo para
protestar contra esta ley de impunidad, hoy los extremistas no
podrían aprobar con tanta facilidad leyes de estilo talibán contra las
mujeres.

Otra justificación para la ocupación de Afganistán fue llevar la
democracia pero casi sólo con ver la situación de las periodistas es
suficiente para desenmascarar la burla de la democracia en nuestro
país.

Todas las periodistas libre-pensadoras tienen una vida muy dura, con
sus vidas amenazadas. Algunas de ellas han sido asesinadas por
señores de la guerra o talibán, entre ellas mujeres como Zakia Zaki,
Sanga Amaj, Shaema Razaee y otras.

En el año 2002, aparecieron muchas publicaciones progresistas y
democráticas, pero con los años casi todas se vieron obligadas a
cerrar debido a las amenazas y presiones de los fundamentalistas y
los gobernantes. RAWA seguimos distribuyendo nuestras
publicaciones clandestinamente en Afganistán porque los libreros
que se atrevían a ofrecer nuestros materiales recibieron amenazas.
Incluso hay gente que ha sido detenida y torturada sólo por poseer
nuestras publicaciones. Los fundamentalistas controlan hoy todos los
medios afganos y algunos de los criminales de guerra más infames,
como Rashid Dostum, Mohammad Mohaqiq, Burhanuddin Rabbani,
Asif Mohseni, Younis Qannoni, Ata Mohammad y otros tienen sus
propios canales de televisión vía satélite para hacer propaganda para
sus bandas inhumanas.

Todas las organizaciones democráticas serias, igual que RAWA, no
pueden trabajar abiertamente en el país y todavía nos arriesgamos a
serios problemas de seguridad. Podemos ver el ejemplo de Malalai
Joya, que fue expulsada del parlamento y cuya voz no tolera el así
llamado gobierno democrático porque defiende la verdad y
representa al pueblo.

Los recientes comicios presidenciales pueden ser otro ejemplo de
cuán ridículo juego de democracia se está jugando: había 40
candidatos, la mayoría con un currículo sangriento en las últimas 3
décadas. Es una tomadura de pelo convocar elecciones en uno de
los países más corruptos del mundo gobernado por la mafia, con
ausencia de paz y seguridad. La reciente propuesta de Karzai para
que tres mujeres sean ministras no es más que una muestra de
relaciones públicas, y por lo menos una de ellas, Amina Afzali,
pertenece a Jamiate Islami, un partido brutal implicado en numerosos
crímenes de guerra.

En una tierra ocupada transformada en narco-estado, no hay lugar ni
para el desarrollo económico ni para reducir la pobreza.
En los últimos años, el cultivo de opio se ha disparado y mi país
produce ya el 93% del total mundial. Los gobernantes afganos y la
mafia internacional están implicados en el negocio. EEUU y la OTAN
animan indirectamente el cultivo de opio, porque el control de la ruta
de este negocio multibillonario forma parte de la agenda oculta del
Pentágono en Afganistán.

La corrupción en Afganistán se ha disparado tanto que hasta los
gobernantes estadounidenses se preocupan por ello en público.
Afganistán ha recibido entre 15 y 20 mil millones de dólares de ayuda
en los últimos años, pero no se han invertido en el bienestar de la
gente y la reconstrucción del país sino que han acabado en los
bolsillos de los narcotraficantes, los funcionarios y los señores de la
guerra o responsables de oenegés locales e internacionales.

Mientras tanto, el 85% de la gente en Afganistán vive bajo en la más
absoluta miseria y algunas familias deben vender algunos hijos por
unos pocos dólares para poder sobrevivir.

La verdadera naturaleza del drama de la llamada “guerra contra el
terrorismo” está hoy ilustrada por miles de afganos y afganas
inocentes asesinados por las tropas extranjeras, mientras por otro
lado negocian con esos bárbaros fascistas llamados talibán, tratando
de etiquetarlos como “moderados” para poder compartir el poder con
ellos.

Todas estas asquerosas muestras de demagogia nos enseñan que
una vez más, el gobierno de EEUU y sus aliados sólo buscaban sus
beneficios económicos y políticos en Afganistán y empujaban a
nuestro pueblo a mayores miserias y desastres. Los dos grandes
logros de las políticas occidentales en Afganistán han sido colocar en
el poder a los salvajes de la “Alianza del Norte” y convertir nuestra
tierra en el centro de la mafia mundial de la droga.

Obama llegó a la presidencia en medio de mucho ruido y con
promesas de “cambio”, pero su nueva estrategia para Afganistán no
tiene nos aporta nada positivo, sólo más malas noticias para el
pueblo afgano.

Aumentar el número de tropas estadounidenses en Afganistán no
ayudará al país en nada, porque vienen a asegurar los intereses
regionales de su gobierno en la zona y para convertir nuestra tierra
en un fortín militar de EEUU en Asia. Vienen a Afganistán para
empujar a mi país todavía más hacia el desastre. El principal
resultado inmediato para mi desgraciado pueblo serán más civiles
asesinados.

La administración Bush llevó al poder a señores de la guerra brutales
y nos impuso su dominio, pero Obama también coquetea con
algunos de los talibán y yihadis más fascistas, etiquetándolos como
“moderados” y ofreciéndoles compartir el poder. Otra broma pesada
para el sino de nuestro pueblo, que empuja a Afganistán todavía más
en las garras de los terroristas.

Analizando la llamada nueva estrategia de Obama para Afganistán,
podemos ver claramente que no hay diferencia alguna entre él y
Bush y que ambos siguen una política belicista que no sólo trae más
tragedias a Afganistán, también hace de la región y el mundo entero
un lugar más inseguro.

Desde los primeros días de su existencia RAWA mantiene que
ningún país puede dar libertad y democracia a otro país. Y hoy esta
realidad salta a la vista.

Las circunstancias de los últimos 8 años en nuestro desdichado país
nos han dado una lección: que para liberarse de la opresión de los
talibán, los yihadis y sus apoyos extranjeros, nuestro pueblo no tiene
otra opción que no sea la unión de las organizaciones democráticas
para derrocar a los fundamentalistas del poder. No hay fuerza capaz
de resistir la oposición de las masas.

RAWA defiende que la retirada de las tropas extranjeras debe ser el
primer paso, porque hoy con su presencia a miles, la mayoría de
nuestro pueblo sufre la inseguridad, los asesinatos, los secuestros, el
desempleo, las violaciones, los ataques con ácido contra las
colegialas, el hambre, la sed de justicia, la falta de libertad de
expresión y tantas otras plagas. Sólo nuestro pueblo puede
conquistar para sí la paz, la seguridad, la democracia y la
independencia. Es nuestra responsabilidad estar unidas como una
alternativa contra la ocupación, levantarnos, resistir y organizar a
nuestro pueblo.

Ahora mismo nuestro pueblo en medio del fuego de tres enemigos.
Por un lado los talibán, por otro lado los ataques estadounidenses y
en tercer lugar los caudillos de la “Alianza del Norte” en diferentes
provincias. Con la retirada de tropas extranjeras, por lo menos, nos
habremos liberado de uno de esos enemigos.

Para acabar, permitidme hablaros un poco sobre nuestra
organización: la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de
Afganistán (RAWA) se fundó en 1977 por parte de un grupo de
mujeres, entre las cuales estaba nuestra líder mártir Mina. RAWA es
una organización independiente y feminista que combate por los
derechos humanos y la justicia social en Afganistán. RAWA nos
opusimos a la invasión y ocupación soviética en Afganistán entre
1979 y 1989 y también a los posteriores gobiernos de yihadis y
talibán. Hemos mantenido escuelas clandestinas para chicas,
distribuimos publicaciones y realizamos proyectos de ayuda
educativos, sanitarios y de generación de ingresos para mujeres.

Desde nuestra fundación hemos sufrido problemas económicos, de
seguridad y de todo tipo debido a nuestro discurso directo y a
nuestra visión política, pero estamos decididas a continuar con
nuestra lucha por la causa.

En RAWA recibimos el aliento de la sangre de nuestra líder
asesinada y del sufrimiento y la miseria de nuestra nación. Nos
comprometemos ante los hombres y las mujeres que sufren la
opresión, para continuar sin pactos ni diplomacia nuestra lucha
contra los asesinos, los fundamentalistas, sus lacayos intelectuales y
sus amos extranjeros. Y en nombre de la mayoría silenciada de
nuestro pueblo, continuaremos trabajando contra los opresores.

RAWA no deja de pedir a las amigas y los amigos de nuestro pueblo,
que apoyen a las fuerzas democráticas afganas y no a nuestros
enemigos. Para nosotras es un honor tener amigos y amigas en el
mundo que estáis junto a vuestras hermanas y vuestros hermanos
de Afganistán, en contra de las malas políticas de los gobiernos.

Vuestro apoyo y vuestra solidaridad significan mucho para nosotras.

Por favor, continuad con nosotras.

Muchas gracias.

RAWA

Más Información:

Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA)

http://afghanwomensmission.org

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